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Ama Quella, Ama Sua, Ama Llulla

¡Qué bonita familia!

¿ Desde cuándo los familiares comenzaron a tomar protagonismo en la vida política nacional? Antes fue el papá de Lourdes o la esposa de Toledo, y ahora tenemos toda una familia cuestionándose unos a otros. Antes era importante lo que el líder decía o escribía, ahora es importante la hermana del Presidente o el papá del candidato. No recuerdo, salvo por hechos dignos de páginas sociales, la aparición de los parientes de un político en la escena nacional. Sí de las esposas de los presidentes en trabajo de ayuda social, pero realizándolo de manera discreta y sin mucho aspaviento. Un primer recuerdo algo reciente es la digna y valiente cachetada que estampara doña Helena Távara viuda de Seoane en la cara de Alan García allá en el lejano año ochenta cuando se inscribía la candidatura de Armando Villanueva. Doña Helena, suegra de Andrés Townsend, pese a su pequeña estatura, demostró su grandeza en aquel episodio Cuando Susana Higuchi quiso inaugurar un nuevo estilo, hablando fuerte, denunciando a su familia política, fue rápidamente silenciada. De ahí en adelante fueron sus hijos, en especial Kenya y Keiko, quienes tuvieron mayor figuración, pero nunca atravesaron el umbral de las declaraciones políticas. Sin embargo, gente que nunca postuló, que no hizo trabajo proselitista y cuya única base para actuar públicamente son los lazos de sangre con un político destacado, comienza a aparecer distorsionando los mensajes que sus parientes pretenden hacer conocer. En el caso del presidente Toledo han sido su esposa y una de sus hijas quienes han aparecido permanentemente en la prensa para acusar o agraviar, para reclamar o señalar, pero ahí han estado, incluso lanzándose dardos mutuamente. Para no hablar de los hermanos del Mandatario, que en el 2001 anunciaron que “no iban a participar del gobierno” -con qué derecho querían participar se preguntará uno-, pero las actividades a las que se dedicaron le trajeron mayores problemas a su hermano. Y esta campaña electoral nos trae a la familia Humala en pleno. Padre, madre, hijos y hasta los hijos políticos están en una dura competencia por abrirse espacio en la prensa nacional e internacional. Sus alucinadas teorías se combinan con duras frases que golpean al adversario. Cada intervención es tan sólo para destruir una anterior de su familiar. Como diversión gratuita está bien, sobre todo ahora que la producción nacional de la televisión se ha ido de vacaciones, pero cuando uno de estos señores piensa que puede dirigir al Perú, y además tiene respaldo, hay que preocuparse. De espacio de humor podemos pasar a cine terror.
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