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Ama Quella, Ama Sua, Ama Llulla

50 años de un gesto fundamental contra el racismo

Cuando el 1° de diciembre de 1955, Rosa Parks, una mujer negra, abordó un autobús en Alabama, no sabía que la historia de su país estaba a punto de cambiar. Subió un grupo de pasajeros blancos y el chofer le ordenó a Rosa que se pusiera de pie para cederles el asiento. Ella se rehusó.

El chofer llamó a la policía y Rosa fue arrestada. Difundido el incidente, los negros de Alabama decidieron organizar un boicot total contra los ómnibus que los segregaban. Lideraba la movilización pacífica el entonces desconocido pastor bautista Martin Luther King.

No era un boicot fácil como quien se abstiene de comprar una determinada marca: los negros tenían que caminar varios kilómetros para llegar a sus centros de trabajo o de estudio. Los barrios donde habitaban se encontraban muy alejados y eran pocos los que entonces podían conducír un vehículo. Mujeres, niños y ancianos se plegaron a la lucha y aceptaron caminar por horas antes que tomar los autobuses. Ya no sólo era Rosa Parks, sino miles de personas que sentían que valía la pena sacrificarse con tal de lograr un efectivo cambio social.

Entre los blancos, los más racistas veían con temor las largas filas de ciudadanos negros caminando a orilla de las autopistas, porque sabían que de esta forma se estaba produciendo el mayor desafío a todo el sistema de segregación. Otros decidieron apoyar la lucha de sus compatriotas e implementaron los llamados “Freedom Rides” (algo así como “jaladas por la libertad”), llevándolos en sus vehículos. Los negros se concentraban en algunos lugares secretos a esperar que los recogieran los automovilistas. Debían actuar con precaución, porque los grupos racistas reaccionaban con violencia, agrediendo también a los choferes blancos.

En el Perú, no existen restricciones para que los negros viajen en determinados vehículos, pero todavía les es difícil que los taxistas acepten llevarlos y la vida no es más fácil para quienes conducen. “En los grifos a mí me piden que pague por adelantado, porque creen que me voy a fugar después de llenar el tanque”, recuerda un taxista negro.

No existen restricciones legales para que los negros puedan vivir en zonas residenciales, pero cuando se mudan a ellas, es posible que sufran diversas formas de maltrato, debido a los fuertes prejuicios en su contra. El caso más grave que he conocido ha sido de una familia que vive en un edificio de Miraflores y ha venido recibiendo anónimos y llamadas insultantes, pidiéndoles que se marchen. Otra señora negra, residente en San Isidro cuenta: “Al principio, los vecinos eran muy distantes, pero después de algunos años me conocieron y hasta me eligieron Presidenta de la Junta Directiva. Sin embargo, cuando iba a visitar a algunas vecinas, sus empleadas me hacían esperar afuera, mirándome como si fuera una delincuente”.

En junio pasado en Machasqa, una discoteca miraflorina, a una chica negra que estaba con sus amigos, los vigilantes le exigieron que se retire porque, según explicaron a los demás “evidentemente era una chica de dudosa reputación”. Cuando uno de sus amigos pretendió oponerse, fue brutalmente golpeado por los vigilantes. Todo ello, en presencia de un policía que presta servicios de seguridad a la discoteca y después reprochó al cliente golpeado haber provocado la situación (acudiendo con una persona negra).

Similares situaciones son cotidianas en Mama Batata, en Larcomar, el Tayta, en plena avenida Larco o el Café del Mar, a pocos pasos del Ovalo Gutiérrez. Negros, andinos y mestizos son impedidos de ingresar con cualquier pretexto o simplemente con el uso de la fuerza. En el Cusco esta práctica se produce todos los días en locales como Fallen Angel o Garabato.

La joven expulsada de Machasqa me pidió no hacer ninguna acción pública sobre su caso... porque seguro la gente iba a hablar sobre ella. La familia miraflorina ha pedido también discreción. Lo más frecuente, en casos de discriminación racial, es el temor de la víctima para actuar en público, que los lleva a guardar silencio.

El boicot contra los autobuses de Alabama duró más de un año, hasta que un tribunal declaró que la segregación de los pasajeros negros era inconstitucional. Poco a poco, los negros pudieron acudir a las mismas escuelas, vivir en los mismos barrios, votar y ser elegidos.

Fallecida en octubre pasado a los 92 años, Rosa Parks pudo ver un país distinto. Si hubiera cedido su asiento hace cincuenta años, el régimen de segregación habría durado mucho más tiempo. Un gesto de rebeldía ante la injusticia cambió el destino de millones de personas. En el Perú, ¿qué podemos hacer cada uno de nosotros para luchar contra el racismo?

Escribe Wilfredo Ardito Vega

www.agenciaperu.com

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