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Ama Quella, Ama Sua, Ama Llulla

FERIA DE SANGRE

Es sorprendente, y debería ser indignante para la Iglesia católica y los fieles, que los organizadores de la masacre anual de toros le hayan puesto el impío nombre de “Feria Taurina del Señor de los Milagros”. Es difícil creer que los luctuosos hechos que se perpetran en esta malhadada feria puedan encontrar lugar en el espíritu piadoso, de búsqueda de purificación, de arrepentimiento, de promesa y esperanza de las multitudes fervientes que acuden presurosas al llamado de las procesiones octubrinas.

Precisamente, en el diario Expreso (29 de oct.), el “crítico taurino” Raúl Aramburú pontifica que “lo que no podemos perder nunca es el amor por la feria”. No alcanzamos a comprender cómo es posible utilizar la palabra amor y su inmenso, hermoso, apasionado, sublime contenido, para identificarla con el crimen y la tortura de los que son objeto los hermosos toros. ¿Amor a qué? ¿A los puyazos, a las banderillas, al criminal estoque? ¿A la agonía, la desesperación, el dolor, la impotencia y la muerte dolorosa del animal que huachafamente llaman “cornúpeta”?
En la misma “crítica” se hace “análisis de cada toro” y encontramos asombrosas definiciones y apreciaciones.

Dice: “atentaron contra el espectáculo”. Más abajo “se duele en banderillas” (toro “Taquito”); “protesta en la muleta” (toro “Tequilero”). Francamente es una colección de disparates. Acusar al toro de “atentar”, de “dolerse”, de “protestar”. ¿Qué quiere el crítico? ¿Que el toro sea un dócil colaborador de su muerte? ¿Que sonría y dé vivas al picador-torero-banderillero-matador mientras acribilla su sano y vigoroso cuerpo, convirtiéndolo en piltrafa sanguinolenta? Falta nomás que se le ocurra acusar al toro de saboteador y terrorista por no corresponder a las rugientes graderías de Acho para ver sangre y muerte como en los antiguos espectáculos del Coliseo Romano y sus gladiadores.

También el “crítico” es “crítico” de belleza. Dice de un toro que “embiste descompuesto” (el cuarto, “Pampero”). Y de otro que no está “bien hecho” y que es “pobre de cara” (el tercero, “Tequilero”). Vayan barbaridades. Hubieran mejor aconsejado que antes los toros pasaran por un salón de belleza o por la academia de Frieda Holler.

Para completar con la cereza de la torta, dice “prometió mucho al principio. Luego se apagó” (sexto, “Toro Chilango”). Qué interesante, pues este toro se parece a nuestros políticos, cuando candidatos y cuando son electos luego.

En fin, reiteramos nuestro propósito de contribuir a la desaparición de esta barbaridad de cada octubre. Ojalá los devotos del Señor de los Milagros nos ayuden en este empeño.

Y ojalá también que, aunque no le gusten los derechos humanos, el cardenal Cipriani pueda interesarse en el derecho de los animales.

Rolando Breña Pantoja

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